Volver a casa tras vivir fuera. Expectación Vs Realidad

Siempre digo y repito que volver a casa tras vivir fuera cuesta y es más duro que irse de ella. Las sensaciones, altibajos y percepciones propias de este periodo son muy concretas y solo se dan en estas circunstancias. Es lo que se llama el Síndrome Cultural Inverso, y por suerte para todos es sólo una etapa temporal La readaptación necesita tiempo, pero tiene un fin.

Al principio, hay un periodo de “luna de miel.Todo será emocionante de nuevo, te reunirás con tus viejos amigos y te encanta contar anécdotas de tus viajes y tu ciudad de acogida, pero posteriormente comenzarás a darte cuenta que quizás ya no son los mismos, incluso que algunos se quedaron demasiado acomodados en su rutina como para entender tu entusiasmo. Pero después, la rutina te atrapará obligándote a re-encontrar un hueco para este “nuevo yo” que eres tú.

Expectación 1.  Volver a hablar y escuchar tu lengua te hace mucha ilusión.

Realidad: Si vienes de un país en el que se hablaba un idioma completamente diferente al tuyo nativo, durante los primeros días sentirás una especie de atranque mental. Se te fundirán los dos idiomas, dando paso a situaciones de cortocircuitos en la mente. Habrá numerosas ocasiones en las que te salgan espontáneamente palabras del otro idioma y mezcles sin parar.

He estado hablando inglés como lengua continua durante muchos años, salpicado con mucho alemán. A la vuelta, no podía dejar de repetir “bitte” cuando me daban las gracias por algo y cuando se me caía algo de las manos, se me escapaba un “Scheiße”. Y aún hoy día, me cuesta decir la palabra “éxito” en español, me resulta más natural decir “success”.

Expectación 2.  Volver a tu rutina conocida y familiar, será reconfortante.

Realidad: Si llegas de vivir en un lugar muy silencioso, como es mi caso en Alemania, y vuelves a un país latino o mediterráneo, el bofetón de ruído te dejará helado. Recuerdo lo ilusionaba que estaba la primera mañana que entré en un bar a tomarme mi cafelito puesto en vaso de cristal. Quería llenarme de los olores, voces y ruidos conocidos. Y de pronto: los golpes casi violentos a la máquina de café, el choque de tazas y vasos, las conversaciones a todo volumen, niños jugando con los móviles con las musiquitas del juego a todo trapo, personas hablando por teléfono informando de su compra en el super a toda la manzana…Me bebí corriendo ki café y me fui. No pude soportarlo. Me perforó los oídos.

Los encuentros con los amigos ya no se dan tanto cara a cara, todo el mundo está demasiado ocupado en su vida cotidiana, y todo sucede a través de conversaciones de wassap. Sientes que la distancia con ellos es la misma estando aquí que estando allí.

Si por el contrario vuelves de una mega urbe a un pueblo pequeño o incluso a una ciudad de provincias, el choque también será brutal. Este fue mi caso, de Berlín a Sevilla, con sus abismales diferencias culturales y de mentalidad. Algo que me mató y tuve que ir superando poco a poco.  Baja las revoluciones y disfruta. Piensa que no hay lugar perfecto.

Expectación 3.  Estás deseando comer tu comida de siempre.

Realidad: Cuántas veces no dije en Berlín que daría lo que fuese por un buen jamón y queso payoyo. Y por un puchero de mi madre hubiese matado directamente. Así que cuando vuelvo, me pongo a probar todo de nuevo con ansia, todas las tapas del mundo, y por supuesto consumo puchero y gazpacho de mi madre en cantidades industriales. Y también tortillitas de camarones ,potajes de tagarninas, cazoncito en adobo, boquerones rellenos, y y y…mmmm.

Pero al cabo de no tanto tiempo, empiezas a echar de menos los sabores diferentes y exóticos. Si estuviste en un país de Asia por ejemplo, y vas a un chino o Tailandés empezarás a sacarle la punta a todo porque no es igual que los puestos locales de allí.
No diré que en mi caso personal echo de menos la “gastronomía alemana”. Siendo española, lamento decir que me resulta una gastronomía pobre y nada nueva.

Pero por ejemplo, recuerdo estar un mes en Perú y volver fascinada por su gastronomía. Me moría continuamente por un buen ceviche y no me ha resultado nada fácil encontrar un sitio realmente auténtico en Sevilla. La gran mayoría me resultaban pretenciosos con su “cocina nikkei” tan de moda últimamente.  Eso me motivó a hacer ruta de exploración para dar con “el sitio”, lo cual fue de nuevo como andar explorando fuera de casa. Y terminé dando con él.

Expectación 4.  Te encantará contar tu experiencia.

Realidad: la primera vez que alguien te pregunta sobre tu vida fuera, te das cuenta que te salen frases hechas y expresiones tópicas: genial, increíble… Te quedas como vacía.

¿Cómo resumir en unas pocas frases toda la magnitud de la experiencia? Todo el aprendizaje, la transformación, el cambio de tus estructuras mentales, la acumulacion de la riqueza cultural, el ensanchamiento de tu mente,…Imposible. Entonces te frustras. Sigues siendo la persona guay que ha viajado un montón y que transmite libertad y diversión, pero tú sabes que hay más…mucho más. A veces, volver es muy solitario.

Expectación 5.  En casa todo sigue igual

Realidad. La realidad es que el tiempo pasa para todos. Y aunque es posible que tu vida fuera fue bastante más ajetreada y llena de continuas novedades, lo cierto es que al volver hay cambios que te descolocan. Aunque no deberían, la vida continua. Algunos de tus amigos se casaron, otros ya tuvieron hijos, notas a tus padres más envejecidos, etc… Cambios a los que tendrás que acostumbrarte para aterrizar de nuevo.

El Síndrome Cultural Inverso tiene estas cositas y algunas más que van apareciendo y desapareciendo. Pero no olvides que la vida es pura energía y “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Así que déjate llevar y no sucumbas al poder de la transformación.

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