Mi analógico viaje a Chile 15 years later.

No sé porqué se me estaba resistiendo esta entrada de mi viaje a Chile , aunque hacía mucho tiempo que quería plasmar- más allá de mis recuerdos- mi primera incursión mochilera. Cruzamos el charco, y decidimos ir a recorrer Chile . Quizá no sea Chile, el país más indicado para una toma de contacto con Latinoamérica.  A pesar de su población mapuche y su historia marcada por la convulsión histórica que siempre ha marcado a América Latina, no diría que es una representación del colorido, folclore y “jaleo” que caracteriza el resto del continente. Chile no es Bolivia ni Perú, ni Colombia ni Cuba…- if you know what i mean-, pero lejos de decepcionarme, fue maravilloso..y quizás el viaje más inolvidable y que mayor impronta en el recuerdo me haya dejado.

Supongo que la nostalgia por otros tiempos juega un gran papel. Un tiempo sin smartphones, sin Instagram, sin la selfiemanía empapando la experiencia, sin influencers, sin facebooks, sin bloggers, con pocos turistas y muchos viajeros. Pocas trolleys y muchas mochilas.  Un tiempo analógico de viajar para, simplemente, viajar.

Hoy día, me resultaría impensable lanzarme a viajar, con una cámara analógica y 10 films de película en Blanco y Negro de 36 ( exactamente 360 disparos en total, ni uno más ni uno menos). Pero así fue, así de artista me encaramé al avión, dispuesta a capturar Chile en mil “gamas de grises”. Vamos, ¡una chorrada como una catedral de grande!.

Por suerte, mi compi de viajes Nats, llevaba entonces esas primeras cámaras de fotos digitales chiquititas, y hoy día le agradezco mucho tener esas fotos documentales, ya que si hay que documentarlo con mi B/N vamos apañás!.

No sé que quiero realmente transmitios con este post, más allá de plasmar y dejar constancia de este recuerdo recurrente, al que vuelvo una y otra vez constantemente. Muchas veces he dicho que Chile es un país que me ha ,arcado para siempre, y que este viaje de los mejores, si no el mejor. Fue el primero, donde no sólo era nuevo el país, sino que era nuevo esto de mochilear- con todo lo que conlleva-, nuevo esto de vivir cada día como una nueva vida cada día. La verdad no sé porque elegimos Chile, de hecho creo que Nats lo eligió y decidió llevarme…. No sé como fue que terminamos aterrizando en Santiago, y quedándonos estos primeros 3 días en la casa familiar de Mirna, una conocida de Nats y mi amiga Carmen de Salamanca. Vamos a ahorrarnos los pormenores de la noche que salimos por Santiago, y volvimos ciegas a casa de los padres de Mirna…con uno…

En fin, gajes del oficio de ser joven e incosciente… Pero te digo, lo repetiría de nuevo, sin duda. XD

Aparte de eso, aprovechando que llegamos en septiembre-mes fundamental en el calendario chileno- no quisimos faltar a la manifestación que cada año se hace el 11 de septiembre y que conmemora el golpe de estado de Pinochet, la muerte de Salvador Allende, la detención de Victor Jara, y muchas más desgracias que pasaron ese mismo día de 1973. Viajar , para mí, no es solo paisajes y comidas, y todo Ok…No se le toma el pulso a un país si no se tienen, al menos, unas nociones básicas de su historia y sociología. Solo a través del pasado de un pueblo, se entiende el carácter y los gestos del presente. Así que nos metimos de lleno en la mani del 11 de septiembre, que al principio era de lo más colorida y musical. Conocí incluso a una especie de “Pasionaria” chilena, que no me acuerdo que hablaba o quien era realmente, y  por qué toda la izquierda de Santiago quería acercarse a ella.


Me dediqué a hacer fotos y gozármelo…hasta que comenzaron a aparecer unos hombres cargando con sacos de limones al hombro, mientras voceaban a pulmón pelao: “- Limonsitos, limonsitos pa las bombitas. Limonsitos pa las bombitas-.  No entendí que hacían aquellos vendedores de limones en mitad de una mani, y menos la gente comprándoles… La manifestación enfilaba hacia su destino final: el cementerio de Santiago. Y ahí comencé a comprender. Los más políticos se dirigieron a la tumba de Allende, mientras el sector más artístico- trovadores basicamente-se dirigen con sus guitarras a donde descansa Victor, a llorar un año más su horrible historia de manos mutiladas en el Estadio Nacional.
Y de pronto, comienzan a entrar tanques.  Sí, tanques al cementerio por encima de las tumbas, tirando a chorrazo un líquido que llaman “guanaco” en honor a las aguas contaminadas del Río Guanaco. Puro ácido corrosivo… Ahí tuvimos la suerte de encontrara un señor que nos presto ” limonsitos” para ponernos alrededor de los ojos, ya que es por eso que lo venden: para evitar que el ácido te deje ciego por un rato. Esa “bruma” que ven en la foto mientras la gente huye, es guanaco saliendo de las trompas de los tanques.

Desde dentro del cementerio…Los milicos a las puertas….
Aquí ya fue un desfase, la gente corriendo, unos tirando piedras, los tanques dentro…Yo escondí mi cámara para protegerla, y nos dejamos llevar por la pericia de ese señor mayor, que saltando por encima de las tumbas nos puso en una zona segura y evitó que a estas dos guiris que no se enteran de nada, se les irritase los ojitos.
* Lección: Pá las bombitas…amig@s…Limonsitos! 🙂

Aparte de esta “aventura”, Santiago no nos dio mucho más punto, y nos lanzamos hacia el sur…a recorrer ese churro alargado vertical que es Chile.

Vista del Volcán de Osorno.

La siguiente parada fue la isla de Chiloé…donde si vas a la orilla de sus playas, y remueves la arena con el pie…¡aparecen ostras frescas!. Igualmente si vas al mercado, el precio del kilo es irrisorio. Para los amantes de la comida, ya merecería la pena una paradita en este territorio, pero es que además su quietud y su “nada y todo”, es de un encanto que desarma.

Arcoiris sobre Chiloé.Dejadme salir….Niños en gallineros….Chiquillos por todos lados.

Autorretrato compartido.

Y hablando de chiquillos, hay uno que nos marcó especialmente. Fíjate que aun me acuerdo de su nombre: Javier!. Javier apareció solo en la cafetería donde estábamos, con su cara llena de churretes, sus ojos grandes,  profundos…y no sé…una aureola de “adoptame soy un cachorro”, que aun la tengo impregnada en mi ser…casi 15 años después. Fue nuestro chico ese día. Estoy convencida que pedía, a su manera, venirse con nosotras…eso es lo que él quería…y así lo expresó en su dibujo…

De Chiloé me traje una de mis mejores fotos, que luego he expuesto y vendido muchas veces. Le tengo mucho amor a esta foto, ahora más que sé que está en las manos de un buen hombre. Regalo de fin de año.  Aunque la foto está tratada posteriormente, con un proceso de scaneado del negativo original por un lado, y el scaneado igualmente de un acetato rayado y vaselinado a mano para crear una textura original y única. Superpuse acetato, imagen revelada del negativo, y una pátina metálica- que llamo silver para todo-, en una fiesta de capas en Photoshop…y …TACHAN! Se reconocen las construcciones de vivienda sobre el agua, sujetas por palos que las mantienen arriba, en caso de crecidas y de lluvias. Esta arquitectura tiene el nombre de palafitos.

Dejamos Chiloé y desde Puerto Montt encontramos un carguero que bajaba hacia el sur más sur, hacia lo austral. Era temporada baja, por lo que no funcionaban- o ni nos planteamos- barcos o ferrys regulares…Puede que ni existieran. Pero convencimos al capitán de este carguero de llevarnos, junto a un grupo muy reducido de civiles que- casi a modo de favor- bajaban hasta tierras remotas.
Hoy día, me hace gracia, esas webs de cargueros que ofrecen camarotes a aventureros con chequera a precios desorbitados. Porque hoy no se venden servicios-camarotes-, se venden…”experiencias”, y el aventurero millenial las paga. Y aun le queda calderilla para seguir llamándose aventurero….

Creo que fueron unas tres noches cruzando ese mar helado, entre cascadas que, a lado y lado, jamás dejaron de llorar. En ese arco que se forma entre cima y cima de montaña, refulgen parches azules. Son los neveros, esas acumulaciones de nieve que se mantienen durante todo el año por estar a la sombra. Ese hielo permanente, testigo del trasiego de barcos, acompañó nuestro viaje hasta Puerto Cisne.

Y aquí comienza el punto de partida de lo que será una de las historias de viajes que más me ha marcado, que no me puedo quitar de la piel y del mapa de sensaciones que conforman mi vida. El encuentro con “la dama del poncho rojo”. En el barco, conocimos un chico que insistía en que fuésemos a su casa- donde vivían su madre y hermana-, para pasar la noche y las fiestas patrias. Fijaté que teniamos nuestras reticencias, basada en puras palpitaciones sin argumentos. No nos daba la mejor de las espinas el tipo, fijaté!. Pero fuimos, básicamente porque no es que la oferta hotelera fuese de lo más extensa. Y…fue lo mejor que hicimos jamás!.  Su madre: Doña Rosa, o ” la dama del poncho rojo”…y Daniela, la “cabra chica”, nos acogieron en su casa como a dos hijas más.

Para mí, aquello era una chabola de toda la vida, pero una chabola de dos plantas , ¡ojo!

* Cabra chica: modo chileno de llamar a l@s adolescentes. Hace más referencia a la pubertad.

Doña Rosa, la cabra chica y yo.

¿Que hace que una persona abra, sin pedir nada más a cambio que compañía y sonrisas, las puertas de su casa a  gente desconocida?, ¿ Cual es la motivación detrás de ese gesto, tan simple y tan grande al mismo tiempo..?. Son cosas, que me he preguntado mil veces.   Y la respuesta no es clara, pero se basa exclusivamente en lo que me parece esencial en esta vida: valores y buenos sentimientos  Nobleza y generosidad.  Supongo que el viajero más clásico y profundo, sabrá de lo que hablo. Y si puede afinar mi percepción, se lo agradecería.

Es fácil dar lo que se tiene a raudales. No tiene mérito a mi entender. Quien nació con dinero, no tiene mérito que lo reparta…le sobra, no le supone un esfuerzo, ni un tener que privarse de nada. Tiene mérito cuando damos lo que realmente nos cuesta, lo que no nos sobra precisamente. Hay personas que te invitarían a comer cada dos por tres, pero serían incapaces de dar un abrazo…. Doña Rosa fue la primera persona que en mi vida, me hizo ver claramente lo que era la verdadera generosidad: repartir tus empanadas, tu tiempo y hasta su cama. Me quité el sombrero ante esa lección…una lección que me sigue llegando 15 años después.

La cama…sí, la cama. 🙂 Resulta que llegó la hora de dormir. Normalmente Rosa duerme con su hija en la misma cama grande, y el hijo en su dormitorio aparte. Viendo que Daniela se emocionaba con uno de nuestros sacos de dormir- probablemente nunca vio uno antes-, se lo dejamos para que se lo disfrutara y durmiese en el. Y nosotras dormimos con Rosa en su cama, las tres juntitas.

No puedo describir la sensación al abrir los ojos a la mañana, me costó un tiempo salir de mi estado del sueño, y cómo poco a poco fui asimilando donde estaba amaneciendo. Había dormido profundamente como pocas veces en mi vida- tampoco en estos años posteriores suelo dormir tan bien-, calentita super agusto, y con una sensación de plenitud que no puedo explicar pero que tengo tatuada en mi memoria emocional. Llovía fuera, y el repiqueteo de las gotas en los cristales, con las montañas nevadas al fondo, me daban los buenos días. Estaba en el culo del mundo- ni me acuerdo bien como se llamaba ese sitio-, en la cama de una señora desconocida que vivía en lo que para mí era una chabola. Y te digo…pocas veces recuerdo esa sensación de plenitud, que quizá solo duró un amanecer, y a la que ahora sé que hay que llamar  momentos de “felicidad”.Buenos días Chile! La dama del poncho rojo.

La despedida no fue fácil, porque Rosa andaba preocupada, como una buena madre. Pero al final nos despedimos y seguimos nuestro camino.  Aun no sabía- debían de pasar todos estos años- que Rosa sería la primera y más importante persona en mi imaginario de viajes.

Gracias por la lección, por la humildad, el amor, la cama y las empanadas. GRACIAS!

Imágenes del fin del mundo:

En Puerto Cisne. Pescador magallánico.

Mochilas y auto stop. 🙂

De aquí ya nos metimos a tope en Carretera Austral… y ¿ no tengo fotos de una Nalca…?. No…andaba buscando reflejos, puntos de vista nuevos, y gamas de grises. Vamos, ¡que andaba gilipollas!. No tengo fotos de nalcas…es que es para chocarme. La nalca es una planta que se encuentra por todo el sur de Chile. Tiene unas hojas tan grandes que a veces las usan de paraguas- allí no deja nunca de llover-, y tb es comestible. Don Oscar, el autobusero que nos llevaba, paraba cada dos por tres con su machete, a hacer hueco en el camino y a cortar unas nalcas para todo el bus, porque chupar el tallo con su toquecito cítrico…está buenísimo.  Servicio de primera.  Eso que llaman carretera Austral,  no es más que un camino abierto en mitad de esa vegetación salvaje y rococó, tan propia de esta zona. Hay partes muy amplias, y hay otras zonas donde hay que seguir sacando el machete a cada rato, para que la maleza no se lo coma.

No sé donde íbamos exactamente, pero recuerdo que me llamó muchísimo la atención, que en mitad de ese sur gris,  escondidos entre la espesura de la naturaleza brutal, hay pueblos, calles y hasta baserris vascos!. Si hubiésemos encontrado alemanes octogenarios con ojos vidrioso, me hubiese extrañado mucho menos….
Esta foto me encanta porque recoge toda la atmósfera de un país.

En algún momento, quisimos ir de senderismo, allí por donde los neveros hacían de testigos en pedestales. Pero al poco de empezar a caminar, se puso a llover como si no hubiese mañana. Esa lluvia  de Chile no es humana, es un cáncer. Se te mete en los huesos en cuestión de 10 minutos. No íbamos preparadas para ella, así que en un estado de chorreo constante, decidimos no seguir caminando y parar un coche que nos llevara de vuelta a donde sea que nos estuviésemos quedando en ese momento. Esperamos mucho tiempo, me estaba congelando, y en esas condiciones de mal cuerpo, el tiempo pasa como plomo. la lluvia seguía cayendo, y encima racheada por el viento. Que simpaticona ella… Al cabo de lo que para mí, fue una eternidad, nos paró una de esas furgos con la parte posterior descubierta y pensada para mercancias. Pues ahí que nos sentamos al aire libre, mojadas, mientras nos seguiamos mojando. Uno de mis dedos de la mano se empezó a entumecer, y me entró un mini pánico de quedarme sin movilidad ahí. Y la furgo que avanzaba y avanzaba y no llegábamos a destino. Menos mal que Nats siempre ha sabido quitarme las tonterías, y me tranquilizó. Por fin llegamos al alojamiento. Nats llenó una bañera de agua caliente hasta los topes, y ahí que nos metimos las dos del tirón.  Tras el sufrimiento…¡el placer!. Mi dedo se salvó.

En la parte trasera de la furgo.

Tras esto, no sé cuando decidimos cruzar a Argentina, aprovechando su proximidad. Ahí nos encontramos con ” la reina del biffe”, de la que no voy a hablar mucho para no ser faltona. Y es que si hablase de ella, lo sería irremediablemente.

Carretera de paso Chile-Argentina.

Pinchazo. La “reina del biffe” cambiando la rueda.

Recuerdo pasar por el Bolsón, un sitio muy hippie y bonito, donde comimos de la mejor pasta de toda mi vida- incluyendo mis viajes a Italia-. Conocimos un adolescente super religioso, que nos llevó de ecorrido por medio Bolsón buscando un alojamiento bien. Primero estuvimos en su casa, hecha con un árbol central, de donde partían escaleras a estancias de las que parecería que saldría Bilbo Bolson en cualquier momento.  Mmmm…ahora que lo pienso…¿Bilbo Bolson…el Bolsón?. ¿Pero que brujería es esta!? . La cosa, es que hobbits o no, los padres no estaban en casa, y nos dio cosa aceptar la invitación sin el consentimiento de un adulto. Así que amablemente declinamos y decidimos buscar nuestro propio nidito. Y él con nosotras, de ángel protector.

Y hasta que no nos dejó super bien colocadas, no se fue. Mira que yo lo religioso como que no, nivel tipo que cuando me llaman hereje y/o atea, me sube la moral, me pone…
No, la religión  me da mal tufo siempre… un mundo de personas con gestos impostados y tonos melifluos. Pero ese chico…¡era un ángel de verdad!. Yo no podía dejar de mirarlo y escucharlo…tenía algo que no era de aquí. Y sobre todo, en su discreción y silencio amable, tenía algo que no era de “allí”…

Tras el Bolsón fuimos a Bariloche, también fuera de temporada. es decir, un sitio precioso, con paisajes y montañas increíbles, que parecía ser una estación de esquí fantasma. Tiendas, bares y hostels cerrados. Solo encontramos uno, por suerte, en el que estuvimos una sola noche. La misma noche que decidimos que nos volvíamos a Chile, que estábamos más agusto. No quiero levantar controversia, pero tuvimos un par de experiencias argentinas que nos hicieron echar de menos a los chilenos como si fuesen familia. Y hasta aquí puedo leer.
Lo mejor en Bariloche fue la subida- en telesilla- al Cerro Campanario, desde cuya cumbre….

Desde la cumbre podemos observar una de las ocho vistas panorámicas mas impactantes del mundo

National Geographic

Y yo con mi blanco y negro, mi formato vertical y mi falta de sensibilidad paisajista por aquel entonces. Es que me estrellaba yo sola, sin ayuda y gratis…¡te lo prometo!. Esto es lo que tengo…

Os pongo una panorámica en color, tomada de internet, porque es un crimen no verlo en su esplendor, y que vayáis y no subais!
Ya a la vuelta, decidimos bajar el cerro a pie, sin telesilla. En un momento dado, vi el tronco hueco de un árbol que me llamó poderosamente. Y yo, que estaba muy artística-ya os he dicho antes-, estudiando el arte del desnudo fotográfico, y flipadita viva con el descubrimiento de Francesa Woodman, pues no me lo pensé. Este es uno de los autorretratos que más me gustan míos. Representa todo un tiempo, una época formativa, una mirada sobre el mundo, una etapa vital decisiva de desaprender, de desinhibición, de poner en tela de juicio todo lo que te dijeron que era cierto, de romper con el orden establecido…y de atajar, de una vez por todas,  los tabúes que un colegio totalmente castrante a ciertos niveles me había impuesto.

Viva el cuerpo libre, viva el arte, viva la mente que vuela…y ¡viva ese árbol bonito!.

Y tras el brote artístico, ahora sí que sí, decidimos volvernos a la tierra del cachai, del pó, del huevon y del pisco. Además, volvíamos a España de nuevo desde Santiago, así que tocaba desandar pasos y volver al inicio.Ya de vuelta, y una vez vivida la bruma, los neveros, las nalcas, las cascadas infinitas y la atmósfera propia de las tierras más australes, tuvimos una inmersión en la parte más indígena de Chile: Valdivia. Bien conserva mi memoria, la sorpresa al descubrir esa calidad de autobuses, con asistente de chofer incluido que te daba de cenar y te ponía una mantita por encima. Un servicio que jamás había vivido en España, y a riesgo de parecer imbécil o incluso prejuiciosa, debo admitir que me sorprendió que en un país latinoamericano dieran tal servicio de lux que ni se imaginaba en Europa. Estaba aprendiendo, desaprendiendo y volviendo a aprender…Que maravilla de ser chica e impresionable. La cuestión, es que tras ir dejando a todo los pasajeros- uno a uno- en las puertas de sus casas, nos quedamos con el #busteam sólo Natalia y yo, y sacaron queso y galletas y seguimos rodando…hasta el final de trayecto…que consistió básicamente empotrarnos con el bus en la arena de una playa para ver atardecer. XD

Foto final de trayecto…en la playa con el bus. El asistente, mis pelacos y yo, el chófer, un agregado, Nats y la luna gitana.

Y se hizo de noche, y salió la luna llena…y Nats y yo notábamos que algo no estaba en su sitio, no estaba “normal”. Cuando nos vinimos a fijar bien, nos percatamos que las manchas que vemos en la luna y que aquí forman una especie de carita, allí se veía como una gitana bailando flamenco. La gitana del wassap ya estaba en la luna de Chile hace 15 años…¡Palabrita!. Quizá fue la primera vez de tener consciencia de la posición y movimientos del planeta, fuera de la teoría de los libros de texto.

Años más tarde vinieron el sol de medianoche, las auroras boreales y el frío surrealista del Norte de Europa…pero nunca olvidaré la luna gitana, austral, de Chile.

Siempre me prometí volver, recorrer algunos de los mismos lugares, y documentarlos ahora como se merecen. Aunque también me digo que no, que mi recuerdo de Chile debe permanecer analógico y en bitono. Tan incompleto, como mágico y auténtico. ¿Cachai po?

 

Viajad Viajad malditos.

 

Sonsoles Lozano.

 

 

 

Periodista de viajes, guía de turismo, fotografa y editora de contenidos. Enamorada del Slow travel, del senderismo, del queso y del Camino de Santiago.

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