Crimenes ejemplares _Sobrevolando París

(Homenaje a Max Aub)

 

Cuando la azafata retiró las bandejitas de aquello que llamaban comida, mi compañera de vuelo retuvo una bolsa de papel entre sus manos. La usaba para apoyarse, de manera que la bolsita quedaba entre sus manos y su regazo. Luego la usó para escribir garabatos, y vuelta al regazo.

La bolsita no paraba de crujir, con ese sonido de bolsita de papel cuando se aplasta, se arruga, y se engurruña de forma repetida, innecesaria.

Aquello no llevaba a ninguna parte, solo al punto en que los pelos del cuello se me empezaban a erizar y la sangre a hervir como en una marmita. Donde mis nervios se encrespaban y la cuenca de mis oídos empezaban a acusar hormigueo.

No soportaba más ese crepitar e hice, ni más ni menos, lo que cualquiera hubiese hecho: agarré la bolsita con mis propias manos mientras ella se ponía tensa y me miraba perpleja…¡como si le extrañara mi comportamiento!

Hice una pelota con la bolsita y la encaje de un solo golpe en la traquea de mi compañera de vuelo. En un minuto estaba morada y con los ojos en blanco. No se movía.

Luego no sé que mas pasó, me eché a dormir mientras sobrevolábamos Paris.

 

* Para aquellos/as que no entiendan ciertas formulas del humor, les recomiendo la lectura de:

–       Crímenes ejemplares_ Max Aub

–       Antología del humor negro_ André Breton

 

Textos ©Sonsoles Lozano.

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